2,1 hijos
En este podcast exploramos uno de los cambios más profundos y silenciosos que están transformando nuestras sociedades: el declive demográfico.
¿Por qué la población está disminuyendo y envejeciendo en tantos países? ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de este fenómeno? Y, sobre todo, ¿cómo impactará en nuestro futuro?
Un podcast de Jorge Calero.
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Población en España: declive general, debacle en el Norte
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En este episodio vamos a ver cómo está afectando el declive demográfico a las diferentes comunidades autónomas españolas. Dentro de una situación compartida, de caída de la población autóctona, las situaciones y los ritmos son muy diferentes, con casos muy extremos como los que encontramos en las comunidades del Norte y también en Extremadura. La consecuencia inmediata del declive poblacional, la llegada de inmigración, también ha sido muy diversa, incidiendo mucho sobre algunas regiones y casi nada en otras. Y, en la sección “Miradas sobre el declive”, recomendaré un artículo, en este caso se trata de un informe del centro CEU-CEFAS, de Orella, Urquijo y Alejandro Macarrón, titulado “El éxodo vasco como consecuencia de la persecución ideológica”.
Link al informe de Orella, Urquijo y Macarrón (2023): https://www.ceuediciones.es/catalogo/libros/politica/el-exodo-vasco-como-consecuencia-de-la-persecucion-ideologica/
En este podcast exploro uno de los cambios más profundos y silenciosos que nos están afectando: el declive demográfico.
¿Por qué la población está disminuyendo y envejeciendo en tantos países? ¿Cuáles son las causas y las consecuencias de este fenómeno? Y, sobre todo, ¿cómo impactará en nuestro futuro? Bienvenidos a 2,1 hijos. Yo soy Jorge Calero.
Vamos con un nuevo episodio, que se llama “Población en España: declive general, debacle en el Norte”. En este episodio vamos a ver cómo está afectando el declive demográfico a las diferentes comunidades autónomas españolas. Dentro de una situación compartida, de caída de la población autóctona, las situaciones y los ritmos son muy diferentes, con casos muy extremos como los que encontramos en las comunidades del Norte y también en Extremadura. La consecuencia inmediata del declive poblacional, la llegada de inmigración, también ha sido muy diversa, incidiendo mucho sobre algunas regiones y casi nada en otras. Y, en la sección “Miradas sobre el declive”, recomendaré un artículo, en este caso se trata de un informe del centro CEU-CEFAS, de Orella, Urquijo y Alejandro Macarrón, titulado “El éxodo vasco como consecuencia de la persecución ideológica”.
Empecemos con los grandes números. La población actual en España es de unos 49 millones de habitantes. De ellos, unos 10 millones son nacidos en el extranjero o nacidos en España de madre extranjera. Unos 39 millones, por tanto, son nacidos en España de madre con nacionalidad española.
Veamos primero qué ha pasado con esta población, la no afectada, podríamos decir, por la inmigración. Es una población que se está reduciendo. Alcanzó su máximo en 2012, con una cifra en torno a los 40 millones, y desde entonces se está reduciendo con más o menos intensidad en las diferentes Comunidades Autónomas. Fijaos que la población no inmigrante ya estaba prácticamente estable desde hacía unos años y en algunas comunidades ya había empezado a caer, pero le da la puntilla el efecto de la Gran Recesión a partir de 2008: es a partir justamente de 2012 cuando cae definitivamente la población total
Podemos hacer cuatro grupos en función del momento en el que la población no inmigrante empieza a caer
Un primer grupo cuya población no inmigrante empezó a contraerse a principios de siglo (2000, 2001): Aragón, Asturias, Castilla y León, Galicia y País Vasco. Son todas las comunidades del norte salvo Cantabria y Navarra.
Un segundo grupo, formado por Cantabria, Castilla La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, La Rioja, son comunidades que sufren ese punto de inflexión hacia la reducción de la población no inmigrante justo en 2012, coincidiendo con la media.
Un tercer grupo de comunidades un poco menos decadentes desde el punto de vista demográfico, que tienen una población no inmigrante que empieza a contraerse entre 2015 y 2020. Son Andalucía, Canarias, Madrid, Navarra y la ciudad de Ceuta.
Un último grupo de comunidades cuya población no inmigrante todavía no ha empezado a descender: Baleares, Murcia y la ciudad de Melilla. Entre estas tres, Baleares y la ciudad de Melilla ya han estabilizado su población desde hace unos años (y, si no hay cambios, esta población empezará a descender en breve), mientras que en Murcia la población no inmigrante sigue creciendo ligeramente. Es la única.
La población nacida en España se va reduciendo sobre todo porque hay más muertes que nacimientos, ya que, como veremos, apenas hay emigración hacia otras comunidades autónomas y hacia otros países. Algunas cifras sobre el saldo entre muertes y nacimientos son estremecedoras. En Asturias, por ejemplo, entre las personas nacidas en España hay 3,5 muertes por cada nacimiento. En Galicia y Castilla y León, 2,8. En el País Vasco, 2,4. En Cataluña, 2 muertes por cada nacimiento. La media nacional es de 1,8, por lo que hay algunas comunidades que están por debajo de ese valor, como Madrid y Andalucía, con 1,4. Sólo hay más nacimientos que defunciones en Ceuta y Melilla.
Debido a ello, la edad media de la población no inmigrante está creciendo muy rápidamente, sobre todo en las comunidades del Norte. El récord lo tiene Asturias, con 50 años, que es una cifra más alta que la del país con edad media mayor, Japón, que tiene 49 años. La media española es de 45 años. Hay un libro muy interesante, del demógrafo británico Paul Morland, que se llama El futuro de la Humanidad en diez números. Cada uno de los diez números señala a un fenómeno clave, por ejemplo uno de ellos es 10. 10 por mil es la tasa de mortalidad infantil en Perú, ya muy baja. Pues uno de estos números es 43, la edad media de la población en la región de Cataluña. Todavía le parecería más relevante si viera el 45, que es la de la población no inmigrante de Cataluña, igual a la del conjunto de España. Como paréntesis: Morland aporta una hipótesis muy interesante, en la que señala que el envejecimiento de la población en Cataluña es una de las causas del bajo nivel de violencia en el proceso independentista en 2017.
Y ¿cuáles son los motivos de las diferencias en el envejecimiento de la población entre las comunidades autónomas, dentro de España? Yo diría que las podemos explicar en muy buena medida sólo con dos elementos: la educación de las mujeres (inicialmente, históricamente, su alfabetización) y, después, el desarrollo económico. Las comunidades autónomas del Norte tuvieron un mayor nivel de alfabetización, lo que redujo su tasa de fecundidad ya desde principios del siglo XX. Es el caso también de Cataluña. En 1935, Vandellós, catalán nacionalista, publicó el libro “Cataluña, pueblo decadente”, donde señalaba cómo las mujeres originarias de Cataluña tenían menos hijos que las mujeres de Murcia o de Andalucía. Esto, claro, era visto desde su posición xenófoba como un peligro para la supervivencia de la identidad nacional catalana.
Pero he dicho que hay otro factor para explicar las diferencias en el envejecimiento de las diferentes regiones: el desarrollo económico. El desarrollo económico sostenido de regiones como el País Vasco, Madrid y Cataluña atrajo migraciones interiores durante el siglo XX, en Cataluña en la década de 1920 (especialmente, inmigrantes que salía de Murcia) y entre las décadas de 1950 y 1970. Esa inmigración permitió una revitalización demográfica que no se produjo en Asturias, Galicia o Castilla y León. El caso del País Vasco es diferente: como veremos más adelante, a partir de la década de 1970 la situación de conflicto social y violencia generó una salida de población que en buena medida explica la situación actual de fuerte envejecimiento.
Veamos ahora otros factores que podrían estar afectando a las poblaciones de las comunidades autónomas: las migraciones de salida al extranjero y las migraciones internas, entre comunidades autónomas. Ya adelanto que podrían, pero que, en la práctica, afectan muy poco.
Por lo que respecta a las migraciones de salida de población de nacionalidad española al extranjero, casi no existe desde hace décadas. Sólo 76.000 personas emigraron al extranjero en 2021. La mitad de ellas salieron de Cataluña y de Madrid. A su vez, la mitad de los que salen de Cataluña y Madrid tienen estudios superiores. Por tanto, no es sólo emigración de jóvenes titulados.
En relación con las migraciones internas. Sólo se mueven cada año entre comunidades autónomas 367.000 personas de nacionalidad española, menos de un 1% del total. Los saldos no son muy grandes (actualmente no hay comunidades que sean grandes expulsoras o receptoras). Las comunidades que expulsan población no inmigrante son Madrid, el País Vasco, Baleares y Cataluña. En buena medida, esta migración corresponde a una migración de vuelta de población de más edad correspondiente a las migraciones que hubo previamente, en los años 60 y 70. Para poner en perspectiva qué supone una movilidad interna de menos del 1% del total, podemos decir que en Estados Unidos la movilidad anual entre estados es del 2,5% de la población, cuando el tamaño de un estado medio en Estados Unidos es 6 ó 7 veces el tamaño de una comunidad autónoma.
Recapitulando: la población nacida en España empezó a reducirse y lo está haciendo rápidamente sobre todo en algunas comunidades autónomas del Norte. Las migraciones de la propia población nacida en España no alteran este fenómeno, porque las migraciones internas son modestas y la emigración de nacionales hacia otros países es prácticamente inexistente, a diferencia de lo que pasó en las décadas de 1960 y 1970, sobre todo.
Pero entra ahora en juego la pieza que nos falta, la que se ha convertido en fundamental en los últimos años, la inmigración externa. Es un fenómeno de una magnitud enorme, que está modificando radicalmente la población en Europa y muy particularmente en España. Sólo un par de datos para valorar esta magnitud: en los últimos cinco años unas 340.000 personas nacidas en el extranjero o nacidas de madres nacidas en el extranjero se suman anualmente a la población española.
Pero además de la magnitud global del fenómeno lo que quiero resaltar aquí es que se distribuye de una manera muy desigual por regiones. La inmigración se concentra en unas pocas regiones y, dentro de ellas, sobre todo en las grandes ciudades. En la mayoría de las comunidades autónomas la inmigración ha compensado sobradamente el descenso de la población nacida en España. Sólo hay dos excepciones en donde la población está tan envejecida y la inmigración es tan débil que la población total sigue bajando. Se trata de Asturias y Extremadura.
En otras comunidades, sin embargo, la inmigración supone un porcentaje de la población creciente y tan alto que es ya el mayor de Europa. Fijémonos en la población joven en edad de trabajar, acotando por ejemplo la franja entre los 25 y los 40 años. En Cataluña, el 44% de esta población joven es inmigrante. 44%, aproximándose a la mitad. Es el valor más alto de España, seguido por Madrid con un 41%. La media nacional es del 31%. El País Vasco se encuentra cerca de la media, como Aragón o la Comunidad Valenciana. Sin embargo, en otras comunidades, como he dicho, llega muy poca inmigración. El porcentaje en esta franja de edad en Asturias es de sólo el 20%, en Extremadura del 9%, en Castilla y León del 21%.
Y quizás donde vemos más claras las diferencias entre comunidades autónomas en cuanto a la inmigración y cómo va a afectar esto al futuro es en el porcentaje de hijos nacidos de madres extranjeras: uno de cada tres en Cataluña, uno de cada cuatro, que es la media nacional, en la comunidad de Madrid y en el País Vasco, y un 8% en Extremadura, un 13% en Galicia y un 15% en Asturias.
Por tanto, unas comunidades con mayor actividad económica en donde convive una población inmigrante joven con una población no inmigrante envejecida. Y otras comunidades con menor actividad económica donde apenas ha llegado población inmigrante y queda, de este modo, sólo la población envejecida.
Hablaremos en otros episodios acerca de qué países viene esa inmigración, con qué religiones y lengua y de qué tipo de trabajos y formas de vida en general tienen. Sólo adelanto aquí que todas esas cuestiones varían también entre las diferentes comunidades autónomas.
Y ahora, como siempre, la segunda sección del episodio: Miradas sobre el declive. Aquí hablo de un libro, artículo, película o documental que puede ayudarnos a entender mejor los temas que tratamos. En este episodio voy a hablar de un informe, del Observatorio Demográfico CEU-CEFAS, elaborado por José Luis Orella, Carlos de Urquijo y Alejandro Macarrón. El informe se titula "El éxodo vasco como consecuencia de la persecución ideológica" y se publicó en 2023.
El informe aborda un fenómeno demográfico y social poco visible referido a la historia reciente del País Vasco: la salida de población nativa relacionada con motivos políticos desde la Transición democrática. Según los autores, entre 1977 y 2022 se marcharon del País Vasco alrededor de 180.000 ciudadanos, lo que representa aproximadamente el 9% de la población que tenía la comunidad autónoma en 1977. Esta emigración, que los autores denominan “éxodo ideológico”, estaría motivada por un entorno de presión política y social relacionada con la amenaza del terrorismo de ETA, así como por un contexto hostil hacia personas no alineadas con el nacionalismo vasco.
La cifra de aproximadamente 180.000 personas nacidas en España que habrían abandonado el País Vasco entre 1977 y 2022 se estima mediante el análisis del saldo migratorio neto de la población nativa, es decir, la diferencia entre la variación total de población autóctona y el saldo vegetativo (nacimientos menos defunciones) durante el periodo. Aunque no existen registros que permitan detallar los motivos de las migraciones, las cifras contrastan con las tendencias en otras comunidades autónomas, lo que hace razonable la tesis de los autores. Además, el informe subraya que esta pérdida poblacional tiene un impacto demográfico multiplicado: las personas que se marcharon dejaron de tener descendencia en la región, lo que implica una pérdida añadida de potenciales hijos y nietos. Esta dinámica contribuye a agravar el envejecimiento de la población vasca y a reducir su capacidad de regeneración demográfica a medio y largo plazo.
El informe enmarca este proceso en una evolución que empieza con el terrorismo de ETA y continúa con la consolidación de una hegemonía nacionalista durante la Transición, hegemonía que se mantiene en la actualidad, una vez ha cesado el terrorismo. Los autores argumentan que esta hegemonía tiene efectos estructurales en la sociedad y el sistema político vasco, dificultando el retorno de los que emigraron y reduciendo las condiciones para una competencia política plural. Según esta tesis, las dinámicas sociales, lingüísticas y educativas vigentes han reforzado un modelo cerrado, limitando la capacidad de reintegración de antiguos residentes o de sus descendientes.
El informe subraya que el País Vasco experimentó, a partir de la década de 1970, una caída abrupta de la tasa de fecundidad, más pronunciada que en otras regiones españolas. A ello se sumó una pérdida neta de población nativa incluso en décadas recientes, pese a la mejora de la situación económica en la región. El informe compara estos datos con los de comunidades autónomas vecinas como Navarra, Cantabria o La Rioja, que han experimentado un crecimiento neto de población no inmigrante en el mismo periodo. El caso del municipio de Castro Urdiales, en Cantabria, se cita como un ejemplo ilustrativo del traslado de población vasca hacia entornos más neutrales o menos ideologizados.
Según los autores, el sistema de financiación autonómica del que se beneficia el País Vasco, el concierto económico, ha contribuido a mantener un modelo institucional que refuerza las políticas identitarias.
También, los autores critican lo que consideran una falta de reconocimiento institucional del sufrimiento de las víctimas del terrorismo y de quienes abandonaron el País Vasco. Afirman que ni el sistema educativo ni el discurso público dominante han incorporado suficientemente esta dimensión del pasado reciente. Esto dificulta la reflexión sobre los años de violencia y sus consecuencias. El documento señala que muchos jóvenes formados en el sistema educativo vasco actual no han tenido acceso a testimonios directos de las víctimas, lo que perpetúa un relato incompleto de la historia reciente.
Una de las paradojas señaladas en el informe es el contraste entre el trato institucional que se ha dado a distintos tipos de emigración vasca. Mientras que los descendientes de vascos que emigraron años atrás a Hispanoamérica conservan el derecho a votar en las elecciones autonómicas en virtud del artículo 7.2 del Estatuto de Autonomía del País Vasco, no se ha articulado un reconocimiento similar para aquellos ciudadanos que abandonaron la región por motivos políticos o ideológicos en el contexto de la violencia terrorista y la presión social. Esta asimetría en el reconocimiento de derechos políticos es interpretada por los autores como una falta de reparación institucional hacia un sector de la población vasca cuya salida tuvo un impacto duradero tanto en la estructura demográfica como en el equilibrio político del territorio.
Por último, el informe plantea que este fenómeno de éxodo poblacional, lejos de ser únicamente una consecuencia de la violencia política, debe entenderse como un factor estructural en la configuración del actual ecosistema político y social del País Vasco. La pérdida de una parte de la ciudadanía no nacionalista ha influido en el equilibrio electoral, en la configuración de la identidad colectiva regional y en las dinámicas políticas actuales. En este sentido, el texto propone que reconocer este proceso es fundamental para una reflexión más profunda sobre el pasado reciente del País Vasco, así como para el diseño de políticas más inclusivas y respetuosas con la diversidad ideológica y cultural de la sociedad.
En los próximos episodios, seguiremos explorando en profundidad las causas del declive de la natalidad, las consecuencias económicas y sociales del envejecimiento y las distintas respuestas que se han planteado, desde incentivos a la natalidad hasta reformas en el sistema de pensiones. También veremos casos concretos de países que han intentado revertir esta tendencia y debatiremos el papel de la inmigración en la dinámica demográfica. Si te interesa comprender cómo estos cambios afectarán nuestras vidas y al mundo en el que vivimos, puedes apretar el botón para seguir el podcast.
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Nos escuchamos en el próximo episodio de 2,1 hijos. ¡Hasta entonces!